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La agricultura de precisión se presenta como una herramienta eficiente y sostenible

Profesionales del campo riojano asisten a un curso de nuevas tecnologías para el sector Durante esta semana, ARAG-ASAJA organiza un curso de nuevas tecnologías para profesionales del sector.

ARAG-ASAJA. El concepto clave es el de ‘agricultura de precisión’. Una expresión que define la observación de un cultivo, el análisis de sus múltiples parámetros y la actuación ante su variabilidad en una misma parcela. «Es un modelo de agricultura más eficiente con los recursos, como el agua y los nutrientes, y optimiza los insumos agrícolas, como semillas y fertilizantes. Se consigue con ello minimizar el impacto ambiental», apunta Eduardo Pérez.

El curso, que ha contado con la participación de una veintena de jóvenes agricultores, completa su segunda edición tras la del año pasado, que suscitó gran interés. «La gente empieza a demandarlo. Cada vez aparecen equipamientos más tecnológicos y precisos, y hace falta formación. Es todavía difícil introducir las nuevas tecnologías pero se está consiguiendo», comenta el presidente de ARAG-ASAJA.

El alfareño Carlos Tarragona, director general de SpectralGeo, imparte este curso en el que el dron ha sido la herramienta estrella, la que ha mostrado las posibilidades de la teledetección y la agricultura de precisión, con clases prácticas de vuelo en una finca de remolacha. «En el dron van colocados unos sensores a través de los cuales realizamos fotos. Con ellas hacemos mapas que muestran la variabilidad que tienen las parcelas», explica Carlos Tarragona, que apunta además que el objetivo es «diferenciar las zonas que están pero para que tengan un mayor rendimiento, optimizar el uso del agua y localizar enfermedades, realizando tratamientos solamente donde se necesita».

Estos recursos suponen un avance más en el futuro de un sector agrario dispuesto a crecer de la mano de la tecnología. «En la agricultura va despacio, pero es algo que interesa y el retorno en la inversión es inmediato. Hace tres o cuatro años esto parecía ciencia ficción», concluye Carlos Tarragona.

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